Cortocircuito

Cortocircuito
Edgar Su/Reuters

Todavía recuerdo la tarde del 4 de agosto de 2024, sentado en el auto, deslizando noticias en el teléfono. Conmoción y enojo al mismo tiempo.

NOVAK DJOKOVIC, CAMPEÓN OLÍMPICO.
EL MEJOR TENISTA DE TODOS LOS TIEMPOS.

Mi mente no sabía qué hacer con eso.

Para mí, Roger Federer era el mejor de la historia. Incuestionable. Para peor, Djokovic sacaba lo peor de mí. Su actitud en varias batallas contra mi ídolo fue transformándolo en uno de los principales despertadores de mi furia.

“¿Cómo puede ser él el mejor?”

Tenía ganas de incrustar el celular por las rendijas del aire acondicionado y prenderlo a la temperatura del infierno. Estaba viviendo uno de los ataques más escurridizos de La Bestia: el Cortocircuito.

Cuando la mente no logra conciliar dos realidades contradictorias, se produce algo parecido a una descarga eléctrica. Y cuanto más hondo calan, más fuerte el choque. Años forjando una creencia pueden derretir el circuito.

Yo llevaba toda una vida construyendo la mía. Federer era el mejor. Punto.

Pero acá hay un engaño...

Venimos con una defensa automática. Algo así como una llave térmica que salta al detectar la sobrecarga.

Al leer la noticia de Djokovic, mi cabeza armó la defensa sin que yo se lo pidiera:

“El tenis es mucho más que ganar títulos. Importa tu influencia en el deporte. Cuántos empezaron a jugar gracias a vos. La estética de los golpes. Federer sigue siendo el mejor”.

Ya no quería destruir mi teléfono. La Bestia se había relajado y yo podía seguir liviano con mi día.

Aun así, algo me dice que tengo que tener cuidado con esa llave térmica.

En el fondo, sé que Djokovic ha ganado más que Federer. Pero elijo vivir bajo la ilusión de que el suizo es superior en base a mis criterios. El tenis me lo permite. Quién es el mejor es una discusión de sobremesa, no una que cambie mi vida.

Pero hay discusiones que sí la cambian. Y dejarse llevar por la defensa automática puede guiarnos a un verdadero infierno.

Me pasa a diario cuando leo titulares políticos. Si tomo distancia y me observo, avisto a La Bestia, identifico el Cortocircuito, y me atrapo guionando explicaciones para calmar la mente.

Pero no siempre tomo distancia.

Y cuando no estoy presente, el daño pasa desapercibido.

— Rodri

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Para masticar...

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