Tener a Rodri como acompañante es tener acceso a una persona profundamente curiosa, con una mente pensativa, sin apuro y sin agenda personal. Está entregado a la relación, y eso genera un espacio raro de encontrar: podés pensar tranquilo, ver los ángulos que no venías viendo, y sentirte acompañado sin sentir que te están tratando de vender algo.
Puede traerte frameworks o herramientas cuando corresponde, pero no es eso lo que hace la diferencia. Es el espacio que genera y sostiene en el tiempo. Cualquiera puede conocer las herramientas, pero sin ese vínculo de fondo, no rinden.
Yo recurría a él en decisiones difíciles, momentos de duda, planificación estratégica, y sobre todo cuando necesitaba pensar en voz alta para encontrar claridad —sobre lo que queríamos como empresa, sobre cómo comunicar valores, sobre qué era realmente lo que queríamos decir.
Rodri es un tipo calmo, pero sus ideas y la forma en que encuadra las cosas te movilizan. Es difícil describirlo mejor: te transmite alivio y te energiza al mismo tiempo, desde un lugar que sigue siendo calmo. Tener a alguien así disponible para pilotear ideas, pensar procesos y sostener claridad en el tiempo es un lujo raro.