Elegí la ilusión que funciona, por Scott Adams

Elegí la ilusión que funciona, por Scott Adams

El 13 de enero falleció Scott Adams, un autor que me abrió la cabeza en varios aspectos y cuyos libros me ayudaron a entender mejor la naturaleza humana.

A lo largo del tiempo ya compartí varios bocados de su autoría (te dejo los links al final de este), y hoy quería sumar uno más, haciendo honor a un pedido que dejó en su carta de despedida:

“Tuve una vida increíble. Le di todo lo que tenía. Si sacaste algún beneficio de mi trabajo, te pido que lo devuelvas al mundo de la mejor manera que puedas. Ese es el legado que quiero.

Sé útil”.

Las palabras finales describen bastante bien lo que estoy intentando hacer desde hace ya casi tres años con Para masticar: ser útil.

— Rodri

Fragmento traducido del libro How to Fail at Almost Everything and Still Win Big, por Scott Adams.

Cuando mi perra, Snickers, quiere jugar a buscar la pelota en el fondo de casa, me sigue por todos lados y me clava la mirada con una intensidad inquietante, como si estuviera usando sus poderes Jedi perrunos sobre mí. La mayoría de las veces funciona. Yo sé lo que quiere y hago una pausa en el trabajo para darle el gusto. Lo interesante es que no estoy seguro de que ella entienda que es mi decisión si voy a jugar con ella o no. Su control mental sobre mí funciona con tanta regularidad que estoy convencido de que cree que lo único que importa es cuán fuerte me mira y cuán vívidamente se imagina persiguiendo una pelota de tenis.

Para mí, lo fascinante de la visión defectuosa que Snickers tiene del mundo es que funciona a la perfección. Tiene un sistema para conseguir lo que quiere, y parece funcionar, aunque por razones distintas a las que ella imagina. La realidad más profunda es que yo aprendí que sus miradas significan que es hora de divertirse con la pelota. Mi experiencia con Snickers abre preguntas más grandes: ¿somos los humanos tan distintos de los perros? ¿Tenemos suposiciones totalmente erróneas sobre la realidad? ¿Funcionan nuestras suposiciones equivocadas por razones que no entendemos?

Se sabe que algunos atletas dejan de afeitarse durante todo un torneo o usan medias que consideran de la suerte. Es probable que estas supersticiones ayuden, aunque sea un poco, a reforzar su confianza, lo cual a su vez puede influir en el éxito. No importa que las medias de la suerte no existan realmente. Igual pueden mejorar el rendimiento del atleta, incluso si quien las usa tiene una idea equivocada del porqué.

Nuestros cerebros tienen una capacidad limitada para conocer la verdadera naturaleza de la realidad. La mayoría de las veces, nuestras ideas erróneas sobre la realidad son inofensivas, a veces incluso útiles. Otras veces, no tanto.

Los físicos nos dicen que la realidad parece depender del observador. Si vos y yo nos moviéramos por un universo vacío e infinitamente grande a la misma velocidad y en la misma dirección, sentiríamos que no nos estamos moviendo en absoluto. Y, en cierto sentido, así sería, porque el movimiento solo tiene sentido en relación con otros objetos. Si nos ponemos cohetes idénticos en la espalda en ese universo vacío, miramos en la misma dirección y los encendemos, sería discutible si realmente nos estamos moviendo. Sentirías el empuje del cohete en la espalda, pero no sabrías si eso es el inicio de un movimiento hacia adelante o simplemente una presión que se relaja después de un tiempo. (Está bien, está bien: una presión sobre tu cuerpo en el espacio siempre va a causar movimiento, y sos lo suficientemente inteligente como para saberlo. Pero asumamos para este ejemplo que no prestaste atención en la clase de ciencias).

La realidad fuera del mundo cuántico de partículas y ondas puede ser fija y objetiva, al menos según la mayoría de los científicos. Pero la forma en que pensamos nuestra realidad claramente cambia con regularidad. Todos hemos tenido la experiencia de conocer a alguien por primera vez y formarnos una impresión inicial totalmente equivocada, que a su vez guía cómo actuamos con esa persona. Más adelante, cuando la conocés mejor, empezás a comportarte distinto. La realidad externa no cambia, pero tu punto de vista sí. En muchos casos, es tu punto de vista el que influye en tu comportamiento, no el universo. Y podés controlar tu punto de vista incluso cuando no podés cambiar la realidad subyacente.

Durante más de una década he sido semi famoso por crear Dilbert, pero en general sigo siendo irreconocible en público. Cuando conozco gente por primera vez sin una presentación completa de por medio, me tratan como a cualquier desconocido. Pero si surge el tema de a qué me dedico, de inmediato se vuelven más amigables, como si fuéramos amigos de toda la vida. La realidad de fondo no cambia, pero sí cambia la manera en que me perciben, y eso cambia cómo actúan.

Mi punto principal sobre las percepciones es que no deberías dudar en modificarlas hacia lo que te haga feliz, porque probablemente ya estés equivocado acerca de la verdadera naturaleza de la realidad de todos modos. Si tuviera que apostar mi vida, diría que los humanos nos parecemos más a mi perra tratando de usar poderes psíquicos para que juegue a buscar la pelota que a criaturas iluminadas que entienden su entorno a un nivel profundo. Cada generación antes que la nuestra creía, como Snickers, que tenía todo resuelto. Hoy sabemos que todas las generaciones anteriores estaban equivocadas en muchas cosas. ¿Es probable que justo vos hayas nacido en el punto de inflexión de la historia en el que los humanos saben lo suficiente sobre la realidad como para decir que la entienden? Este es otro caso en el que la humildad es tu aliada. Cuando podés soltar el ego el tiempo suficiente como para ver tus percepciones como incompletas o engañosas, te liberás para imaginar nuevas formas —potencialmente más útiles— de mirar el mundo.

En términos prácticos, la razón por la que mi perra juega feliz a buscar la pelota tres veces por día es que eligió una ilusión que funciona. Creo que ella se imagina que puede hacerme jugar simplemente visualizándolo. Vos también, a veces, podés conseguir lo que querés adoptando una ilusión práctica. La realidad está sobrevalorada y es imposible de entender con algún grado de certeza. Lo que sí sabés con seguridad es que algunas maneras de mirar el mundo funcionan mejor que otras. Elegí la que funcione, incluso si no sabés por qué.

El proceso de escribir este libro es un buen ejemplo de lo que digo. Escribir un libro es un trabajo duro —mucho más duro de lo que la mayoría imagina, y probablemente vos ya te lo imaginás bastante duro—. La forma en que me motivo para encarar una tarea tan grande es imaginando que tengo cosas fascinantes y útiles para decir que van a ayudar a la gente. La realidad puede ser muy distinta. No puedo ver el futuro, así que tengo la opción de imaginarlo de la manera que me dé mayor utilidad. Elijo imaginar que el libro va a andar bien porque esa ilusión es altamente motivadora. Aumenta mi energía.

El peor escenario posible es que pase mucho tiempo escribiendo un libro que nadie encuentre útil ni entretenido. No sería la primera vez. Pero gracias a mi futuro imaginario en el que el libro es disfrutado por millones, puedo encontrar una gran satisfacción en escribirlo. Pase lo que pase en el futuro, mi versión imaginada del futuro tiene una enorme utilidad hoy.

Liberate de las cadenas de una realidad opresiva. Lo que es real para vos es lo que imaginás y lo que sentís. Si administrás bien tus ilusiones, puede que consigas lo que querés, aunque no entiendas necesariamente por qué funcionó.

— Scott Adams (How to Fail at Almost Everything and Still Win Big)

Para masticar...

¿Qué forma de mirar tu situación actual te daría más impulso, aunque no sepas si es “la correcta”?

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