La Zona

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Recuerdo una vez que iba a clase de tenis acompañado. No precisamente por otra persona.

Me desplazaba por las calles de Montevideo como un lunático, la mirada fija en los cuadraditos de las baldosas, dando pasos en piloto automático. A pocos días de un evento en WyeWorks, mi charla aún estaba falta de forma.

“No vas a llegar”.

Mi mente se perdía en una mezcla de frustración y miedo.

La Bestia me acompañaba...

Luego de 60 minutos golpeando pelotas amarillas, golpeé el calzado con el marco de la raqueta dejando caer polvo de ladrillo suficiente como para armar un castillo de arena, hundí las suelas en el charco de agua y emprendí la vuelta a casa.

A las dos cuadras, me pegué un susto.

Reapareció el manojo de nervios. El apretar de dientes. El recuerdo de la charla a medio hacer. Como si lo hubiesen borrado de mi memoria durante la clase y ahora alguien lo hubiese restaurado.

¿Dónde se escondieron esas emociones mientras yo jugaba?

Estuve leyendo Flow, un libro de un psicólogo con nombre impronunciable (Mihaly Csikszentmihalyi) que parece tener una respuesta.

Flow es lo que sentís cuando estás tan inmerso en algo que perdés la noción del tiempo. Cuando lo que tenés en frente es lo suficientemente desafiante como para comandar toda tu atención, pero no tanto como para pasarte por arriba.

Lo siento cuando le preparo martín fierro a toda la familia. Calculo las fetas que voy a precisar y consulto el nivel de intensidad de dulce de cada comensal. Corto el queso en fetas de igual grosor, al milímetro, cuidando que no se rompa ninguna de las capas. Es todo un ritual. Estoy tan metido que si me hablan, no lo registro.

Es como "estar en la zona."

Estoy cuando improviso en la guitarra. Cuando programo algo que me tiene enganchado. Cuando escucho un podcast de ojos cerrados con auriculares. Cuando escribo este bocado mientras suena Chopin de fondo. Cuando agarro una raqueta. Cuando practico trucos en skate.

Ahí las preocupaciones desaparecen. Los miedos se olvidan y el entusiasmo gana terreno. Aunque sea por un momento.

Las Bestias no son bienvenidas en La Zona.

Seinfeld dice que tu bendición en la vida es encontrar la tortura que podés soportar. Para él, sentarse a escribir chistes cada día es exactamente eso. Sospecho que esas torturas son momentos de flow. Cada una, una entrada a La Zona.

Según Mihaly, la felicidad no se espera. Se construye. Eligiendo actividades que nos desafíen y absorban.

La Bestia siempre va a caminar con nosotros. Es parte del contrato de ser humanos. Pero hay cosas que podemos hacer para callarla más seguido.

Ir a La Zona.

— Rodri

📘 Escribí un libro sobre La Bestia.

Para masticar...

¿Qué actividades te ponen en La Zona? ¿Cuánto espacio les estás dando en tu semana?

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Lo cotidiano, visto de cerca, dice más de lo que parece.

Historias breves que se leen rápido y se mastican despacio. Todos los miércoles, un bocado nuevo en tu bandeja de entrada.

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