Masticadas
Una experiencia para frenar y hablar de lo que normalmente no se habla.
En los equipos de trabajo pasan muchas cosas que terminamos dando por normales.
La persona que sabe que tiene que dar feedback pero lo posterga hasta que explota. Un líder que se convence de que el cliente está en su contra y contagia esa energía a todo el equipo. El que tiene una idea pero no la dice por miedo a quedar expuesto. El que rinde bien pero hace meses que no siente entusiasmo por lo que hace.
Pero también pasa lo contrario. El equipo que funciona bien pero siente que puede dar más. La persona que quiere encontrar su estilo propio de liderar. El que tiene claro lo técnico pero quiere conectar con algo más profundo en su trabajo.
Esas cosas a veces se notan en la superficie, pero rara vez alguien frena a preguntarse qué las genera.
A mí me pasó. Yo era el que se quejaba del cliente, el que contagiaba pesimismo al equipo sin darme cuenta. Hasta que alguien me hizo una pregunta que me dejó mudo y entendí algo que cambió mi forma de ver el liderazgo:
Antes de aprender a liderar a otros, tenemos que aprender a liderarnos a nosotros mismos.
La masticada
Una experiencia de 90 minutos para equipos.

Nos sentamos en ronda, con un jazz tenue de fondo, y arranco masticando en voz alta sobre La Bestia — esa voz interior que aparece detrás de muchas de las cosas que nos frenan y nos alejan de quienes queremos ser. Comparto historias reales y herramientas que fui descubriendo al intentar domarla.
Después abro un espacio de conversación honesta. Sin dinámicas forzadas. Nadie está obligado a hablar. Yo facilito y escucho, y la idea es que cada uno se vaya expresando a medida que le nazca. Lo que suele pasar es que las personas terminan conociéndose a un nivel de profundidad que no se da en el día a día, y salen sintiéndose más cercanas que antes.
Algunos equipos llegan porque sienten tensión. Otros porque están creciendo y quieren crecer con intención. Otros porque están bien, pero quieren ir más profundo. Y otros simplemente porque quieren frenar un rato y darse un espacio que en el día a día nunca se dan.
Los temas que suelen aparecer van desde la procrastinación y la autoexigencia hasta cómo reconectar con el entusiasmo cuando algo se apagó. Desde el impacto del estado emocional de un líder en todo su equipo hasta el coraje de animarse a más.
Cuando una persona aprende a ver a su Bestia, aparece más espacio para elegir cómo responder. Y cuando eso pasa, el clima del equipo cambia. Cada uno empieza a liderar desde quien realmente es.
Y cada participante se lleva una copia de La Bestia para seguir masticando.
Tu presentación me inspiró muchísimo. Quiero destacar la tranquilidad que transmitiste, y el sentimiento de 'es re por acá' que me dejaste.
— Lucía Del Arco
Mientras te escuchaba, se me venían a la cabeza conceptos y teorías del coaching y el mindfulness.
— Leyla Farak
Me sorprendió tu manera de comunicar, las pausas, los gestos. Me mantuvo siempre presente.
— Oscar Torres
Soy Rodrigo Ponce de León. Insight Strategist en WyeWorks y autor de La Bestia. Un día descubrí que si quería liderar a otros, primero tenía que aprender a liderarme a mí mismo. Hoy ayudo a otros a hacer lo mismo, a través de bocados semanales, masticadas y conversaciones uno a uno.
