Locos

Un maratonista que corre bajo cero. Un Messi que se inyectaba de chico. Un guitarrista con los dedos destrozados. ¿Qué tenemos en común?
Locos

Aprender a tocar la guitarra es una tortura.

Las cuerdas van tallando una canaleta en la yema de los dedos. Presionarlas se siente como refregar una herida abierta contra el filo de una mesa. Y el premio por soportar ese dolor es un sonido tan apagado y desafinado, que te hace dudar constantemente de si algún día serás capaz de tocar una canción.

Pero algo nos llevó, a mí como a tantos otros guitarristas, a soportarlo y salir vivos del otro lado.

¿Qué es ese algo?

¿Qué hace que un maratonista salga a correr a diario, a temperaturas bajo cero, poniéndose curitas para esconder las ampollas, con tal de prepararse para el gran día?

¿Qué hacía que un Messi de trece años se pinchara las piernas con hormona de crecimiento cada noche, para no resignar su sueño de ser futbolista?

¿Estamos todos locos?

Es una pregunta válida. Y me resulta curioso que la respuesta, al menos para mí, varía dependiendo de a quién y a qué nos estemos refiriendo.

Cuando pienso en el maratonista, respondo que es un demente. Correr no me interesa, así que el agregado de frío y ampollas no hace más que agravar la locura para mí. Lo de Messi se siente distinto: hay algo conmovedor en ese niño haciéndose eso cada noche por un sueño. Pero tampoco me logro conectar del todo con esa entrega.

En cambio, cuando pienso en mí aprendiendo a tocar la guitarra, no veo un loco. Algo hacía que esa tortura tuviera sentido. Como si fuera un precio que estaba dispuesto a pagar para lograr algo valioso y necesario para mí.

Y es curioso, porque imagino que tanto Messi como ese maratonista podrían llegar a verme a mí como el loco, mientras yo los veo a ellos...

¿Será que nuestras locuras tienen un origen en común?

Cuando decidí empezar a tocar la guitarra, nada me hacía más ilusión en el mundo. Era difícil pensar en otra cosa. Pasaba el día mirando videos de Mark Knopfler y Stevie Ray Vaughan, soñando con tocar como ellos. Sentía algo dentro mío que le daba un sentido diferente a la tortura de los dedos.

Como un fuego ardiendo...

El mismo que sintieron el argentino y el maratonista, solo que dándole propósito a otro tipo de heridas.

Cuando identificamos lo que alimenta nuestro fuego, y nos ocupamos de darle leña para que crezca, poco a poco vamos conociendo nuestra propia locura.

Una locura única que le da sentido a nuestra vida.

Y ser testigo de otros locos como Messi nos recuerda que, para que nuestra Llama no se extinga, tarde o temprano tendremos que unirnos a ellos.

— Rodri

Para masticar...

¿Cuál es esa locura tuya, esa que para otros es una tortura pero para vos tiene todo el sentido del mundo?

Suscribirse

Recibí bocados para masticar.

Cada miércoles envío un texto breve para frenar y pensar. Sin ruido, sin recetas. Solo algo que valga la pena masticar.

Sin spam. Cancelás cuando quieras.

Listo. Ya estás adentro. Te voy a mandar el próximo bocado.

Buscá bocados por título, contenido o etiquetas