Tu equipo ya tiene con qué. Solo falta la chispa.

Ganas de crecer, de hacerse cargo, de encontrar oportunidades donde otros ven problemas. El viaje se las despierta.

El efecto Para masticar.

Durante 28 años no fui capaz de leer un libro. Me acuerdo de haberme comprado Harry Potter en pleno auge de la saga, porque veía a mis amigos fascinados con las aventuras del joven mago. Como era de esperar, el marcador quedó atrapado en la página 15 y nunca pudo escapar.

Todo cambió en 2018, cuando pasé a un equipo nuevo en la empresa de software donde trabajaba. Hasta entonces me rodeaban programadores más experimentados que yo, a quienes podía observar y emular. Pero ahora el experimentado era yo, y mis nuevos compañeros me estarían mirando a mí. Nadie me lo pidió —mi rol seguía siendo el mismo que el de ellos—, pero por primera vez sentí la responsabilidad de liderar.

¿Y qué quiere decir liderar? ¿Cómo se hace?

Entré a Amazon, escribí "Liderazgo" en el buscador y compré tres libros. Pocos meses después hice otro pedido: ocho más, para asegurarme un año de lectura. De repente, ya no era aquel que nunca había podido leer un libro. Hasta terminé escribiendo uno.

Nadie me mandó a leer. Descubrí algo que quería aprender, lo hice mío y logré lo que ninguna obligación pudo en 28 años. Para masticar nació para provocar esos chispazos de autoliderazgo, capaces de convertir a alguien negado para los libros en un lector. Y el Viaje es mi estrategia para llevar esos chispazos a los equipos de trabajo.


Quienes emprenden este viaje:

  • Descubren qué quieren mejorar en sí mismos y cambian por convicción, sin que nadie tenga que pedírselo.
  • Ven en los cambios y desafíos una oportunidad para crecer juntos, no una amenaza.
  • Empiezan a notar el efecto que tienen en las personas y ambientes que los rodean, y el que estos tienen en ellos.
  • Sienten el deseo compartido de dejar una huella positiva en los demás.
  • Se entienden mejor entre compañeros y con sus líderes, y esa empatía los une.

Cinco piezas.
Un viaje a medida.

No existe un itinerario prearmado: cada propuesta se piensa según el momento y las necesidades de cada equipo. Las piezas son siempre las mismas —charlas, masticadas, bocados, sesiones 1 a 1 y rituales— y la combinación, única.

  1. Charlas que despiertan algo adentro

    Nos sentamos en ronda. Sin diapositivas ni tecnología. Solo historias: algunas laborales, otras cotidianas, todas sobre liderazgo, manejo de emociones, actitud frente al cambio y propósito.

    Cuento mi propia lucha con esos desafíos, y cómo los fui —y sigo— enfrentando. De a poco, le transmito al equipo herramientas en un lenguaje propio, nacido de casi cuatro años de Para masticar y que hoy ya circula en otras organizaciones.

    La charla cierra sin intercambio, a propósito: termina en preguntas que el equipo se lleva para pensar. Lo que esas preguntas despierten será el alimento de la masticada.

  2. Masticadas

    Nos volvemos a sentar en ronda. Pero esta vez, a masticar: explorar en voz alta, reflexionar y aprender juntos. Con un nuevo relato, más breve, planto las bases del intercambio. No me presento como el gurú que la tiene clara: me muestro vulnerable, y esa postura contagia a la ronda.

    Las preguntas y conceptos de la charla previa vienen rondando hace días, y cada uno llega con cosas de su experiencia para poner en común. El lenguaje que les fui acercando los ayuda a ponerle nombre a lo que viven —y lo que tiene nombre se puede observar en vez de solo sentir.

    De a poco se abren. Alguien comparte algo de su vida que lo entusiasma, y el resto ve cómo se le ilumina la cara mientras lo cuenta. Otro habla de los correos que lo sacan con un cliente. Y alguien se queda callado, pero por dentro ya se está dando cuenta del efecto que quiere tener en su equipo, en sus amigos, en su casa.

  3. Bocados

    Durante el viaje, el equipo recibe bocados: textos cortos que dejan pensando. Los escribo para reforzar lo que venimos aprendiendo juntos.

    Por ahí traen una referencia a algún autor, o una historia nueva que le da profundidad a algo que surgió en una masticada. Cada bocado deja algo para reflexionar entre encuentro y encuentro, y mantiene viva la conversación.

  4. Sesiones 1 a 1 para masticar

    El viaje despierta deseos de cambio que piden su propio espacio. En las sesiones 1 a 1 me reúno con líderes o miembros del equipo que quieran trabajar más a fondo esos desafíos. A veces la iniciativa nace de ellos; otras soy yo quien invita, cuando veo que alguien tiene algo para masticar.

    Mi rol es siempre el mismo: ayudar a la persona a conectar con lo que quiere mejorar y a descubrir su propio camino. Llevo herramientas de mi experiencia como acompañante estratégico del CEO de WyeWorks.

  5. Rituales

    Momentos diseñados para marcar la experiencia: el equipo los va a recordar, y los une haberlos vivido juntos.

    Un ejemplo es El Papelito —basado en el bocado del mismo nombre—, que le da cierre al viaje. Llevo un pergamino y, después de una masticada sobre las personas que nos inspiran y el efecto que tienen en nosotros, cada uno escribe el legado que quiere dejar en otros. Es algo íntimo: nadie tiene que compartirlo. Se llevan el papelito como recuerdo del viaje y como recordatorio del tipo de persona que quieren ser.

Así podría verse un viaje:

Ejemplo de un Viaje Para masticar, con sus etapas
Tocá la imagen para ampliarla.

¿Querés imaginar el de tu equipo?

Testimonios

Voces de quienes ya masticaron conmigo.

La masticada con Rodrigo fue una experiencia transformadora para nuestro equipo. Se generó un espacio para compartir experiencias muy enriquecedoras sobre La Bestia que permitieron potenciar la forma en la que nos complementamos y establecer un marco de referencia común para el futuro. A través de las reflexiones de Rodrigo, cada uno del equipo pudo verse reflejado en distintas situaciones personales y compartir sus perspectivas. El equipo salió súper motivado y más conectado.
Joaquín Fernández, Socio en Fernández Secco & Asociados
Joaquín Fernández Socio en Fernández Secco & Asociados
Me iba imaginando situaciones personales y profesionales, replanteándome un montón de cosas o planteándomelas desde un lugar que no sabía que existía. Ayer mismo comencé a leer La Bestia. Es el primer libro que me despierta interés sin que sea "de estudio". Gracias, Rodri. Abriste varios frentes en los que quiero trabajar para convertirme en una mejor versión de mí mismo.
Diego
Queda esa sensación de que hay mucho más para hablar, como que queda corto el espacio, pero en el buen sentido. Ganas de seguir compartiendo sobre estos temas.
Federico
Se generó un ambiente muy lindo, y la música fue clave en eso. Comencé a leer el libro y me suscribí al blog. Siento que tu trabajo puede ser un gran aporte.
Carolina

Así se vive.

Estas imágenes vienen de experiencias en equipos y organizaciones.

Ronda en Estudio Fernández Secco
Estudio Fernández Secco
Ronda en WyeWorks
WyeWorks
Ronda en Selecta
Selecta
Rodri

Hola, soy Rodri.

Vengo del mundo de la programación: soy licenciado en sistemas y durante más de una década trabajé en WyeWorks, una consultora de software uruguaya con una cultura de trabajo fuera de serie. Empecé como desarrollador y, con los años, me convertí en acompañante estratégico del CEO.

En el camino descubrí que los problemas más difíciles casi nunca eran técnicos, sino humanos. Y que empezaban por mí: por esa fuerza interior que me frenaba y me hacía ver problemas donde no los había. Le puse un nombre —La Bestia— y, de a poco, aprendí a domarla.

Comparto lo que encuentro en mi propia búsqueda, no una fórmula de experto. Así nació Para masticar, y con el tiempo se volvió un libro, charlas y el Viaje. Hoy lo que más me entusiasma es despertar ese mismo autoliderazgo en un equipo entero.

Testimonio

Rodri fue una de las voces que más nos ayudó a pensar sobre quiénes somos como organización y qué tipo de empresa queríamos construir. Su capacidad para articular ideas sobre liderazgo, autonomía, cultura y desarrollo humano generó conversaciones valiosas que dejaron huella en muchas personas dentro de WyeWorks.
José, Founder & CEO de WyeWorks
José Costa Co-founder & CEO, WyeWorks

El viaje, por dentro.

Es presencial. La ronda pide que estemos en el mismo lugar, mirándonos a la cara —no hay versión por pantalla que la reemplace—. Voy a tu oficina, o a donde al equipo le quede cómodo.

Anda mejor con equipos de 6 a 12, aunque no es una regla: suficientes para que los intercambios sean jugosos, no tantos como para que la participación se diluya. Si son más o menos, lo charlamos y vemos.

No es un evento de una tarde. Es un viaje que se despliega en el tiempo —normalmente varias semanas— porque estas cosas necesitan volver, reposar y volver de nuevo para que queden. Si necesitás algo más corto, también lo armamos.

Y arranca con una charla entre vos y yo. Me contás qué está viviendo tu equipo, y con eso te armo una propuesta a medida: el viaje pensado para ustedes, con todo lo que incluye.

Hablemos

¿Querés prender esto en tu equipo?

Cada equipo necesita algo distinto. Contame del tuyo —qué están viviendo, qué te gustaría que les pase— y diseño el viaje para ustedes. Empezamos por una conversación.

También podés escribirme a rodri@paramasticar.com.

Buscá bocados por título, contenido o etiquetas