Hay dos tipos de fracaso.
El primero ocurre cuando nunca ponés a prueba tus ideas porque tenés miedo o porque estás esperando el momento perfecto. De este tipo de fracaso nunca podés aprender nada, y esa timidez terminará destruyéndote.
El segundo tipo de fracaso nace de un espíritu audaz y aventurero. Si fracasás de esta manera, el golpe que recibe tu reputación queda ampliamente compensado por todo lo que aprendés. Fracasar repetidamente fortalece tu espíritu y te muestra con absoluta claridad cómo deben hacerse las cosas.
De hecho, es casi una maldición que todo te salga bien en el primer intento. No te vas a detener a considerar cuánto tuvo que ver la suerte, y terminarás creyendo que todo lo que tocás se convierte en oro. Cuando inevitablemente fracases, la experiencia te confundirá y desmoralizará tanto que ya no serás capaz de aprender de ella.
En cualquier caso, para formarte como emprendedor, tenés que poner tus ideas en práctica lo antes posible y exponerlas al público, incluso con una parte de vos deseando fracasar.
Tenés todo por ganar.
— Robert Greene
Para masticar...
¿Qué estás dejando de aprender por miedo a fracasar?