Una polilla va al podólogo

A veces alcanza un poco de contexto para que la misma historia tenga un sabor completamente distinto.
Una polilla va al podólogo

Me pasaron un chiste de una polilla.
En el video, Norm McDonald lo cuenta en 20 segundos.
Después me pasaron otro video, donde cuenta el mismo chiste pero lo estira varios minutos.

Si vieras solo el segundo, no entenderías mucho.
Es un diálogo interminable entre la polilla y su podólogo, que no parece llevar a ninguna parte.
Lo cortarías a medio camino.
Salvo que antes hubieses visto el primer video.

Ahí McDonald, luego de hacer el chiste corto, habla de lo que le pasó en el segundo video.
Era el invitado en un talkshow.
Cuando terminó su entrevista, el anfitrión anunció:
“¡Más Norm luego de la pausa!”
McDonald le dijo al anfitrión:
“¿Más Norm? No tengo nada más para decir”.
Ahí recordó el chiste de la polilla.
“¿Qué tan largo es el segmento?”
“Unos 7 minutos”.
Así que Norm hizo el chiste en 7 minutos.

Sabiendo esto, el video largo tiene otro sabor.
Entendés que el loco está improvisando un relato en el aire.
Luchando contra el segundero.
Lo que podrías haber interpretado como un guión aburrido es una muestra de la capacidad creativa de McDonald.
Cada intercambio entre la polilla y el podólogo te entusiasma, porque conocés el remate y sentís curiosidad por cómo va a alcanzarlo.

Ese mismo día me pasó otra parecida.
Del otro lado de la mesa sonaba el audio de un reel.
Una chica lloraba porque se le había roto un perfume.
“¿Da para llorar por eso?”, pensé.
Luego contó que se lo había regalado una amiga justo antes de morir.

— Rodri

Para masticar...




El chiste corto, por si te quedaste con ganas:

Una polilla entra al consultorio de un podólogo y le dice:

—Doctor, tengo problemas terribles. Creo que me estoy volviendo loca.

El podólogo le responde:

—Qué mal, polilla. Pero ¿por qué viniste a verme a mí? Soy podólogo. Tendrías que ir a un psiquiatra. ¿Por qué entraste a mi consultorio?

Y la polilla dice:

—Porque la luz estaba prendida.

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