Poner espíritu
El otro día estaba viendo a Alex Honnold escalar el Taipei 101, uno de los rascacielos más altos del mundo. No llevaba ni cuerdas de agarre, ni chaleco con paracaídas. Ni siquiera una botellita de agua. Tras una hora y media de ascenso, alcanzó la cima de la “aguja” y a más de medio kilómetro de altura, se paró y lo primero que le salió del alma fue la expresión: “Sick”.
Lo que sentí al ver esa proeza fue lo mismo que sentí cuando vi a Felix Baumgartner tirarse desde la estratósfera con solo un paracaídas, o cuando vi al mismísimo Honnold escalar sin cuerdas el inmenso granito de El Capitan, en Yosemite.
Inspiración.
¿Pero cómo puede ser que me inspire ver a alguien haciendo algo que nada tiene que ver con lo que yo hago? No escalo ni sueño con ser astronauta. Es más, tengo miedo a las alturas. Entonces, ¿qué hace que ver a dos completos desconocidos practicando lo que no me interesa encienda un fuego dentro mío?
Hay un patrón de comportamiento en el que caigo una o dos veces al año, que puede servir como punto de partida para explorar estas preguntas. Podría resumirse así:
- Alguien cuenta cómo un libro que leyó cambió su vida (puede ser un amigo, colega o el invitado de un podcast).
- El relato me ilusiona tanto que me compro el libro y empiezo a leerlo.
- Poco tiempo después, lo abandono.
Luego de unas cuantas repeticiones del patrón, empecé a notar que las temáticas de esos libros no tenían mucho que ver con mi realidad del momento. Por ahí me encontraba empezando un libro sobre meditación en un momento en el que esa práctica no cruzaba por mi mente. Es más, la única razón por la cual terminé comprando ese libro fue por haberle dado play a un episodio aleatorio de un podcast, de esos que te recomienda el algoritmo. Y así fue con tantas otras de mis lecturas fallidas.
Reflexionando sobre esas situaciones, surge una nueva pregunta: Si no fue la temática, ¿qué fue lo que me inspiró de esas conversaciones, al punto de llevarme a comprar esos libros?
Empecé a darme cuenta de algo: me cuesta atar la inspiración a una profesión o actividad específica.
A lo largo de mi vida, he sido inspirado por familia, amigos, colegas, clientes, humoristas, guitarristas, tenistas, filósofos y emprendedores. El abanico de perfiles de personas inspirando a otras a lo largo de la historia debe ser inimaginable, tanto así como la variedad de tareas o comportamientos que estaban ocurriendo en el momento en que se encendieron todas esas “llamas”.
¿Qué tienen en común todas esas personas y momentos?
Las palabras de PJ Ladd, uno de los mejores skaters de todos los tiempos, lo resumen a la perfección:
"Inspirar" no es otra cosa que poner espíritu. Cuando alguien se anima a ser más fiel a lo que es, despierta eso mismo en otros.
Por eso el éxito de uno no es algo egoísta. Al contrario. Sirve a todos. Da igual si es en el skate, en la vida, en lo creativo o en lo que estés armando. Cuando hacés lo tuyo de verdad, eso genera un efecto magnético. Nos mueve.
Mucha gente cree que buscar su propio éxito es pensar solo en sí misma. Yo pienso al revés: si no lo construís, no tenés nada para dar. Primero creás. Sumás. Aportás. Ganás. Y desde ahí, recién desde ahí, devolvés.
Creo que ahí está la clave del asunto.
Esa entrevista a Ladd, donde habla en profundidad sobre su práctica meditativa, me enfrentó una vez más al patrón de comportamiento anterior. Pero su visión sobre la inspiración me abrió los ojos y me ayudó a entender de una vez qué es lo que me cautivó tanto al escucharlo.
No fue saber que medita desde hace más de 15 años. Ni enterarme de que hace yoga dos horas al día.
Fue presenciar a alguien que busca sacarle jugo a su vida. Que valora conocerse y entenderse. Que persigue su curiosidad y siempre aspira a más. Que se desafía al límite de sus capacidades y, en ese camino, se enfrenta una y otra vez con La Bestia que lleva dentro, canalizando toda su energía y domándola con coraje.
No fue el libro que me recomendaron. Fue el espíritu que poseía a la persona cuando me lo estaba recomendando. Yo quería que eso mismo me habitara.
Y no fue la escalada del Taipei 101 la que me dejó piel de gallina. Fue ver a Honnold, tomando palabras de PJ Ladd, “poniendo espíritu”, y “animándose a ser fiel a lo que es”, lo que despertó La Llama dentro mío.
— Rodri
Para masticar...
Si alguien te mirara de afuera, ¿qué diría que te mueve de verdad?