Vivir a propósito

Vivir a propósito

Hacía pocos minutos que habíamos salido a la ruta, pero el segundero parecía moverse más lento de lo normal.

El paisaje era gris y monótono. Los colores del asfalto, el cielo y los árboles parecían uno solo, grises y apagados. Como si fueran una extensión del plástico del tablero de la camioneta.

De repente, una voz aguda gritó:

“¡Veo veo!”

Le seguí el juego...

— ¿Qué ves?
— Una cosa...
— ¿De qué color?
— ¡Amarillo!

Todo lo amarillo cobró vida delante mío. Las líneas en el asfalto ahora parecían trazas de un marcador fluor. Los carteles de tránsito brillaban como estrellas y el poco sol que había ahora se veía, asomando de entre las nubes como una medalla de oro.

Solo veía lo amarillo. Rondas después lo rojo, lo verde, lo blanco. El paisaje cobraba vida según lo que yo buscara. Pero sin algo que buscar, el mundo a mi alrededor se apagaba.

La idea de “propósito” siempre me resultó confusa.

¿Tengo que tener un propósito en la vida? ¿Se puede tener más de un propósito? Gran parte de mi vida viví sin uno definido, y aún así, visceralmente, siempre sentí entusiasmo y conexión con lo que estaba haciendo.

Por esto último, más que escarbar hasta encontrar un único propósito, opto por vivir a propósito. No es lo mismo, aunque suenen parecido.

Un solo propósito te encierra. Asume que lo que te interesa hoy va a mantenerse estático en el tiempo. Tendemos a asumir que la versión de hoy ya es la definitiva. Subestimamos nuestra capacidad de cambio.

Y eso carga la búsqueda de esa frase perfecta para encapsular tu misión en la vida. Si luego de algunos años me doy cuenta de que le erré, ¿qué se supone que deba hacer? ¿Forzarme a vivir en sintonía con esas palabras? ¿Buscarme otras? ¿Aceptar que estoy perdido?

Y es que yo diría que, en algún punto, todos estamos un poco perdidos en la vida.

¿Qué estudio?
¿Debería emprender?
¿Estoy desperdiciando el tiempo?

Preguntas que despiertan a La Bestia.

Son tan difíciles de responder que intentarlo se siente como si nos tiraran sin mapa en el medio de un desierto. Todos los caminos son igualmente posibles, pero solo uno nos salvará.

Y acá vuelvo al veo veo...

Antes del grito “¡Amarillo!” yo veía todo, pero al mismo tiempo, no veía nada. Colores apagados. Ni bien oí la palabra, mi mente se reconfiguró sola.

Un propósito puede tener el mismo efecto. Calmar a La Bestia. Darle brillo a dos o tres caminos para salir del desierto.

“Ves lo que perseguís.

Tu mente es algo muy extraño. Tan pronto como le das un objetivo genuino, reconfigurará el mundo de acuerdo con ese objetivo.

Tené cuidado con lo que perseguís... Si el mundo se está manifestando de una manera muy negativa, una cosa que deberías preguntarte es... ¿estás persiguiendo lo correcto?”

Jordan Peterson

Pero así como después del amarillo vinieron el rojo y el blanco, el juego de la vida va pasando por diferentes etapas, y vamos encontrando entusiasmo y energía en otros colores. Me pasó de elegir un color convencido de que iba a ser el definitivo, y descubrir a los pocos turnos que no me generaba nada. Y está bien. Ajusté y busqué otro. Negarse a hacerlo sería como seguir caminando por el primer camino que brilló en el desierto, solo porque fue el primero que vimos.

Y es por eso que me gusta vivir a propósito. Experimentando con una amplia paleta de colores en el día a día. Abierto a descartar los que no vibren y a descubrir otros nuevos.

Vivir a propósito también implica tener frases que te ayuden a ver mejor. Para mí hoy es:

“Ayudo a líderes a conocerse mejor y empezar a liderar desde quienes realmente son”.

En algún punto ya venía haciendo cosas alineadas con esa misión, antes de ponerla en palabras. Y es que en el fondo, vivir a propósito creo que tiene más que ver con algo interior que con otra cosa. Como una intuición que las palabras nunca terminan de capturar.

Funciona como un GPS interior. Si logramos escucharlo, los caminos se presentan solos. El tema es encontrarlo, ya que suele estar enterrado entre miedos, caretas y deseos de conformar con el mundo.

Y tener el coraje para seguir sus indicaciones.

— Rodri

Para masticar...

¿Qué estarías haciendo si te animaras a escuchar ese GPS interior?

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