¿Somos un poco ChatGPT?
Iba caminando por la rambla, hipnotizado por el patrón infinito de baldosas en la vereda, cuando un pensamiento me sacó del trance.
Uno que podría catalogarse como “pensamiento falopa”.
¿Los humanos, no somos un poco ChatGPT?
Hace un tiempo empecé a notar algo en las conversaciones, especialmente cuando el tema es mediático y reciente. Al compartir su opinión, las personas suelen replicar una versión casi textual de lo que escucharon de alguna figura relevante. O de lo que leyeron en un titular. O de lo que les comentó un colega.
Rara vez la opinión nace de cero. De una búsqueda interior que nos obligue a pensar por nosotros mismos.
Los modelos de IA se comportan parecido. Cuando chateamos con ChatGPT o Claude, es como hablar con alguien que leyó y absorbió una fuente inagotable de libros, artículos, noticias y ensayos, y recurre a todo eso para armar su respuesta.
No es una respuesta original. Es más bien una síntesis de lo que otros dijeron, reorganizada para nosotros.
Nosotros, ¿no hacemos lo mismo?
Si a ChatGPT solo le dieras de comer titulares y perspectivas de un solo signo político, sus respuestas tendrían un sesgo marcado. Si lo entrenaras con una variedad pareja abarcando todo el espectro, las respuestas tendrían otro matiz de complejidad.
Con nuestro cerebro pasa igual. Leemos un tweet de alguna figura política y adoptamos su posición. No nos detenemos a buscar las voces contrarias. Y menos dedicamos el tiempo necesario para adentrarnos en el tema, entender la raíz de las posturas, y generar condiciones para que pueda aparecer un pensamiento propio.
Nos quedamos con ese tweet, y lo parafraseamos en la próxima reunión.
Yo caigo mucho en esto. Más que un defecto de otros, es un patrón de todos. Viene de fábrica con el ser humano.
Pero con el ser humano también viene algo que ningún modelo tiene. Nosotros podemos pasar una idea por el filtro de quiénes somos, qué nos importa, y qué queremos para nuestra vida. Masticarla hasta encontrar nuestra propia respuesta.
Carl Jung decía: “La gente no tiene ideas. Las ideas tienen a la gente”. Y Jordan Peterson lo lleva más lejos: “Casi todo lo que tenés en la cabeza no es realmente tuyo. Te lo enseñaron, lo absorbiste, y ahora eso te controla como un titiritero controla a su marioneta”.
¿Qué pienso sobre esto?
¿Cómo sé que soy yo quien lo pensó?
¿Qué hace que sea importante para mí?
¿Qué tanto me importa?
A veces está bien dejarse llevar. No podemos ni queremos sobreanalizar cada tema que se nos presenta. Nos volveríamos locos. Conocer la opinión de un periodista deportivo sobre un penal dudoso puede ser más que suficiente para poder interactuar sobre ese tema. Ahí el ¿Qué tanto me importa? nos habilita a actuar un poco como ChatGPT.
Pero cuando la respuesta a esa pregunta es la inversa, cuando el tema conecta con lo más profundo de nuestro ser, por ahí vale la pena reclamar nuestro diferencial humano.
Luchar con las ideas.
Encontrarte a vos mismo.
Y descubrir tu respuesta.
— Rodri
Para masticar...
¿Sobre qué tema estás repitiendo la opinión de otro sin haberte detenido a buscar la tuya?