4 min read

Jinetes y caballos

Jinetes y caballos

Hola, 👋

¡Te cuento que tengo un nuevo Instagram para masticar!
Para seguirme, hacé click acá.

Y ahora si, para cortar la semana, te comparto 5 cosas que me dejaron masticando y 1 pregunta para masticar:

  1. Jordan Peterson citando a Carl Jung: “Las personas no tienen ideas, las ideas tienen personas”.

    Peterson agrega: “Y eso es algo en lo que realmente deberías pensar, porque luego querrás observar y ver qué ideas están flotando en tu cabeza y comenzar a descifrar de dónde provienen. Porque es muy probable que te estén controlando, justo como un titiritero controla a su marioneta”.

    ¿Por qué pienso lo que pienso?
    ¿Qué pienso sobre lo que pienso?

  2. Daniel Kahneman hablando sobre el “sesgo retrospectivo”:

    “El sesgo retrospectivo alimenta la ilusión de que el mundo es completamente comprensible. Sin embargo, aceptar que en muchos aspectos el mundo no es del todo comprensible es esencial para tener una visión realista de las condiciones en las que vivimos”.

    Es fácil para mí darle sentido a los eventos pasados. Utilizo todo mi conocimiento para construir relatos coherentes que describen a la perfección lo ocurrido. Pero ahí es cuando caigo en el sesgo, que me hace creer que entiendo perfectamente lo sucedido y que puedo controlar el desenlace de situaciones similares en el futuro. Sin embargo, la realidad es que en eventos complejos, el futuro depende de tantos factores impredecibles que se vuelve imposible anticiparlo y controlarlo. Es crucial reconocer nuestras limitaciones al interpretar el pasado y al planificar el futuro.

  3. Daniel Gilbert explicando otra de las razones por las cuales imaginamos futuros catastróficos:

    “Anticipar eventos desagradables puede minimizar su impacto. Por ejemplo, en un estudio, los voluntarios recibieron una serie de veinte descargas eléctricas, siendo advertidos tres segundos antes del inicio de cada una. Algunos voluntarios (el grupo de choque alto) recibieron veinte descargas de alta intensidad en sus tobillos derechos. Otros voluntarios (el grupo de choque bajo) recibieron tres descargas de alta intensidad y diecisiete descargas de baja intensidad. Aunque el grupo de choque bajo recibió menos voltios que el grupo de choque alto, sus corazones latían más rápido, sudaban más profusamente y se calificaban a sí mismos como más asustados. ¿Por qué? Debido a que los voluntarios en el grupo de choque bajo recibieron descargas de diferentes intensidades en diferentes momentos, lo que hizo imposible que anticiparan sus futuros. Aparentemente, tres grandes sacudidas que uno no puede prever son más dolorosas que veinte grandes sacudidas que uno puede anticipar”.

    El “delta de expectativas” se hace presente, con un matiz adicional: nuestras expectativas ante una situación no solo influirán en nuestro estado emocional, sino también en nuestra experiencia de dolor una vez que enfrentamos la realidad.

    El texto anterior también destaca otra dimensión del manejo de expectativas: no solo ajustamos las nuestras, sino que también modulamos las de los demás. Al comunicarnos, especialmente en un contexto organizacional, estamos influyendo constantemente en las expectativas de otros. Su experiencia estará condicionada por si la realidad logra, en promedio, cumplir con lo que esperaban.

  4. Robert Greene sugiriendo buscar un equilibrio óptimo entre pensamiento y emoción (del libro “The Laws of Human Nature”):

    “No podemos divorciar las emociones de nuestros pensamientos, están íntimamente entrelazados. Sin embargo, uno de ambos factores es el dominante; a algunas personas las gobiernan las emociones más que a otras. Lo que debemos buscar es la proporción y el equilibrio adecuados, conducentes a la acción más efectiva. Los antiguos griegos tenían una metáfora apropiada para esto: el jinete y el caballo.

    El caballo es nuestra naturaleza emocional, que nos empuja continuamente a movernos. Este caballo tiene una energía prodigiosa, pero sin un jinete va a la deriva; es salvaje, está expuesto a depredadores y se ve inmerso en incontables problemas. El jinete es nuestro lado pensante. Mediante la enseñanza y la práctica, sostiene las riendas y guía al caballo, con lo que transforma la potente energía de este animal en algo productivo. El uno sin el otro serían inútiles. Sin el jinete, no habría movimiento ni propósito dirigidos; sin el caballo, no habría energía ni poder. En la mayoría de las personas predomina el caballo y el jinete es débil; en algunas, el jinete es demasiado fuerte, tensa mucho las riendas y en ocasiones teme permitir que el animal galope. El caballo y el jinete deben trabajar en común. Es decir, tenemos que considerar nuestras acciones con anticipación, pensar lo más posible en una situación antes de decidirnos. Pero una vez tomada una resolución, debemos soltar las riendas y actuar con osadía y espíritu de aventura. En lugar de ser esclavos de esta energía, la canalizamos
    ”.


    Conseguir el equilibrio entre el pensamiento y la emoción es el secreto detrás de un gran líder. Es por eso que pienso que la estrategia más efectiva para liderar a otros comienza por liderarse a uno mismo, influyendo en el jinete y domando al caballo de forma intencionada.

  5. “Siempre he tenido esta teoría de que, si ayudas a suficientes personas a conseguir lo que quieren, siempre conseguirás lo que quieres”. — Coach George Raveling.

    Para poder influir, es esencial que un líder se gane la confianza de los demás. Nadie va a cambiar su forma de actuar o pensar por alguien a quien no respeta. Cuando doy una mano, estoy mostrándome de una forma que genera confianza. Cada vez que ayudo a alguien no solo estoy ayudando, sino también estoy fortaleciendo cómo me ven, lo cual profundiza nuestro vínculo.

Para masticar...

¿A quién le podrías dar una mano hoy?

Porque líder no se nace, se hace.

Suscribite para recibir pequeñas dosis de reflexión y conocimiento que te ayudarán a lograrlo.

Suscribirse