Niebla de guerra

Niebla de guerra

Hoy me contaron de un ataque de La Bestia.
Lo sufrió el empleado número dos de una empresa.
Surgió un viaje de trabajo a Buenos Aires, y el dueño tenía lugares para dos acompañantes.
Llevó al empleado número uno... y al número tres.

El dos, la “víctima”, quedó desorientado.
“¿Por qué no me llevó a mí?”
Esa pregunta se grabó en su mente, y durante varios días dejó que La Bestia respondiera por él.
Le susurraba frases como “No te valoran”. O “No estás a la altura”.
Tan convencido estaba, que llegó a aplicar a otro trabajo.
Pero a último momento se frenó.

Algo no le cerraba. Necesitaba entender la decisión.
Claro que ahí también estaba ella, convenciéndolo de que no preguntara.
“¿Quién sos para cuestionar la decisión del fundador?”
“Quedate en el molde...”
Pero el dos la avistó... y el dos se animó. Preguntó.
Y descubrió que la decisión tenía pies y cabeza.
Existía una explicación.

Lo que le pasó al dos me hizo pensar en algo.
Me gusta imaginar que vivimos en uno de esos mapas de juegos de estrategia. Como los que aparecen en el Starcraft o el Age of Empires.
A vuelo de pájaro, vemos lo conocido: dónde estamos parados, nuestros aliados, el terreno explorado.
El resto es todo oscuridad. Niebla de guerra.

En la oscuridad están los enemigos, pero no sabemos qué tan lejos o cerca.
Ni qué tamaño tienen sus ejércitos.
Y claro, tendemos a imaginar lo peor.
Imaginamos un batallón completo, con tanquetas y bombarderos, a punto de caer sobre nuestra base.

Pero muchas veces salimos a explorar y descubrimos que la realidad es muy distinta.
Por ahí nuestro rival está sin recursos.
O se distrajo construyendo su aldea.
Solo lo sabremos si tenemos el coraje de adentrarnos hacia lo desconocido.
De tomar la iniciativa para revelar nuevos sectores de nuestro mapa.

Así como hizo el dos.
Con su pregunta, disipó la niebla.
Y con la niebla, se fue también La Bestia.

— Rodri

Para masticar...

¿Qué estás dando por cierto sin haberlo explorado?

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