Un metro

Un metro

Con bandera roja, se me dio por dar un chapuzón.

Las olas rugen sin descanso, una tras otra. De tamaño suficiente para surfear, pero sobrado para imponerle respeto a un simple bañista como yo.

Doy mis primeros pasos hacia adentro y noto el fresco del agua en los tobillos. La temperatura que te hace dudar si entrar, pero que a los 20 segundos se transforma en agradable.

Estoy a salvo donde estoy parado. Las olas rompen varios metros delante de mí. Pero no es divertido.

Empiezo a caminar. Me voy acercando y las rampas de agua se ven cada vez más intimidantes. La Bestia empieza con sus susurros.

“¿Qué hacés acá? Volvamos a la reposera”.

Su voz nace del miedo, similar al que siento antes de hacer algo difícil o importante.

La avisto pero la dejo pagando. Doy otro paso.

Delante de mí toma forma una ola grandiosa. De un verde intenso con pinceladas de sol. Su belleza me cautiva pero mi cuerpo se paraliza. Sé cómo termina esto.

Apenas alcanzo a girar el torso en un intento fallido de escape. La ola rompe contra mi cara, me revuelca y succiona hacia el fondo del mar. Ahí abajo me desoriento. ¿La arena está debajo de mí? ¿O arriba? Es como estar dentro de un lavarropas, inhalando chorros de agua a presión.

Aparezco flotando en la orilla, aturdido, sano y salvo. La Bestia, agrandada, me comenta al pasar:

“Yo te avisé, ¿no?”

Decido volver a meterme. Corro hacia las olas y logro ubicarme un poco más adentro que antes. Casi un metro extra respecto al punto de quiebre anterior. Es curioso. Acá las olas no me tumban. Toman fuerza y tamaño delante de mí, pero me elevan con ellas hasta su pico máximo justo antes de encorvarse al vacío. Si pego un salto con las puntas de los pies en el instante exacto, se siente como levitar en el agua. Parece que descubrí el punto justo. El límite entre el orden y el caos. Si avanzo un metro, agarro el inicio de las olas y me aburro. Y si retrocedo un metro, me impactan y revuelcan, haciendo honor a las advertencias de La Bestia.

Creo que la vida también tiene un punto justo.

— Rodri

Para masticar...

¿Qué desafío tenés hoy donde te falta encontrar tu punto justo?

Suscribirse

Recibí bocados para masticar.

Cada miércoles envío un texto breve para frenar y pensar. Sin ruido, sin recetas. Solo algo que valga la pena masticar.

Sin spam. Cancelás cuando quieras.

Listo. Ya estás adentro. Te voy a mandar el próximo bocado.

Buscá bocados por título, contenido o etiquetas